Agrónomo, agricultor, apasionado por nuestro cultivo, el OLIVO, y por su fruto, la ACEITUNA. Iniciando una nueva etapa a una realidad arraigada durante más de tres generaciones cultivando nuestra tierra, cuidando cada árbol, cada flor, con una única finalidad: obtener nuestro tesoro más preciado, Aceite de Oliva Virgen Extra de Alta Gama, Claramunt y Cortijo La Monja.

Nos marcamos un objetivo, mimar nuestro fruto, cuidarlo, protegerlo y tenerlo en optimas condiciones, para cuando él nos mande, transformarlo en lo más preciado que nos puede dar: zumo de aceituna. Nuestro nivel de exigencia, establecido durante la fase de cultivo pone límite al rendimiento de los olivos, obteniendo producciones justas para conseguir que cada aceituna tenga todos los elementos necesarios para obtener dicho zumo.

Apasionados por nuestra tierra, apostamos por la variedad, transformando parte de nuestro olivar en plantación intensiva, diversificando variedades, incorporando Frantoio y Koroneki en nuestro entorno y esperando una adaptación positiva del árbol a nuestra tierra. Complementamos nuestra plantación con las variedades Arbequina y Picual, junto con el olivar tradicional, con árboles de más de 150 años de edad.

Actualmente, vivimos por y para nuestro proyecto, sentimos, sufrimos, lloramos y reímos igual que nuestros árboles; criamos nuestros frutos como si fueran nuestros hijos, los mimamos, los curamos y los atendemos con sentimiento, con pasión, con rigurosidad y con armonía, de forma que todos nuestros clientes puedan disfrutar de un Virgen Extra pleno, que disfruten de sensaciones, de aromas, de sentimiento y por supuesto, de máxima calidad, hecho por y para Ellos.

Los productos que pueden ver en esta web, son el resultado de un sueño, de una forma de vida, de una atención máxima a nuestra materia prima, a nuestro equipo y por supuesto, a nuestros clientes, a los que debemos nuestra rigurosidad y nuestra exigencia en la elaboración y en la comercialización de los mismos.

En especial, este sueño está dedicado a nuestro Padre, que por unos meses no ha podido ver esta realidad; no debemos nunca olvidar nuestras raíces, ni a los que las hicieron posibles, a los que estaremos eternamente agradecidos (Joaquín Claramunt, 2013)